▷ Las delicias del verano (pt. 2) | Hotel Friendly Fun

Otros placeres del verano.

La travesura de jugar a las mojadas, sentir que el agua rodea tu cuerpo, el meter el pie en un charco, el lanzarte a un chapuzón a la alberca, las guerritas con la manguera, los cubetazos, o simplemente poner tus manos bajo el chorro del agua y llevártelas como jícara a la cara y a tu cabellera … una sensación tan agradable que, si no hiciera calor, no podríamos disfrutar.

 

Cubrirte de mar, bajar a visitar el fondo, junto a Los Arcos o en Las Marietas, olvidarte del pasado y hasta del presente para vivir, aunque sea por un momento, como un pez, o como un escarabajo marinero, con el placer de conocer otros colores indescriptibles y otro mundo. Confundirte entre las anémonas, los caracoles o al menos ser por un momento una roca preciosa, vestida de musgo y de conchitas.

 

O más de todos los días, el regaderazo matutino con agua fresca, fría, que te revive y te hace gritar y a algunos hasta cantar, que te hace brincar del gusto y entusiasmo y que te lanza a la calle lleno de optimismo a enfrentarte al quehacer diario. Dejar que el jabón te corra desde la frente hasta los pies y que con sus movimientos fuertes y certeros de estropajo sientas que se te purifica el alma, como si la piel estuviera en contacto con tu yo íntimo. El baño de verano es un verdadero placer.

 

Los placeres del lino y de la manta, que desbancan a otras telas, esa caricia de la ropa suave que al contacto con la piel tiene el efecto maravilloso de lograr la temperatura de cero grados, es decir, ni frío ni calor. Mira cómo luce ella con su vestido largo de manta, con bordado en blanco junto al corte del escote, un nudo abajo de la falda que levanta tantito el corte y da pie a mostrar un poquitín de pierna y, para encuadrar el cabello lacio, la tez morena y el cuello largo, un collar de piedras color aqua que sirve para reflejar las miradas de admiración de los que pasan a su lado. ¡Qué delicia es el verano!

 

Los placeres gastronómicos.

Con este calorcito, cómo se antoja un gazpacho andaluz bien sazonado y frío, un mousse de aguacate fresco decorado con una hojita de cilantro, una vichysoisse de poro y papa, ensaladas de mil formas y otras tantas variantes de aderezos, los carpaccios de res o de salmón, los ceviches, los sashimis de atún, las tostadas de pulpo amoroso y una chela espumosa y bien fría. En el patio de la casa o en la terraza con los amigos, la vecina o el invitado especial, el asador con unas costillitas o la clásica arrachera acompañada de una brocheta de frutas a las que le pasas un brochazo de salsa teriyaki. O el domingo de verano, un buen pic-nic, la canasta con los quesos, el jamón serrano, los salamis, en el suelo, sobre un mantel, bajo una enorme parota, sin estéreo, porque la música la ponen los pájaros que cantan.

 

Otros más.

Pasear en un convertible rojo por el Malecón, o pedalear una bicicleta o trasladarse en un patín del diablo.Placeres todos del verano. Jugar golf, explorar la orilla de los ríos, deslizarte en canopy entre los árboles de la selva o, sin tanta cosa, ponerte el traje de baño y simplemente tirarte en la arena de la playa.

 

Juntar un dinerito y viajar en el verano. Si te late, te hago dos sugerencias. En toda Francia, el 21 de junio se celebra la Fête de la Musique, un evento formidable en el que participan orquestas sinfónicas, grupos de rock, jazz, ensambles de cámara; en las calles, en los parques, en los auditorios, en todas partes, hay música: Es un evento que vale la pena, o si prefieres Italia, del 8 de junio al 2 de julio, el Festival Internazionale di Danza Contemporanea en la Biennale di Venezia, algo inolvidable. O, por qué no, visitar El Tuito, mascota, San Sebastián, Guadalajara, Morelia, Janitzio, Puerto Vallarta y tantas bellezas dentro de la república mexicana.

 

El placer de amar.

El verano se hizo para amar, amar con las manos sudadas, el pulso agitado y la sangre caliente. Amar a los amigos, a la naturaleza, a una piedra, a las causas nobles, a lo desconocido … Aunque lo mejor será amar a alguien de carne y hueso, con su piel, con sus labios, con sus ojos, con su temperamento; amar a alguien con nombre y apellido, eso sí, intensamente, porque el verano se hizo para amar.

 

Por: Nacho Cadena (Parte2)

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